17/02/2017 Attendis

Con todo respeto

A los niños pequeños no les resulta fácil comprender el concepto abstracto del respeto, pero pueden desarrollar hábitos que preparen el terreno para la adquisición de esta virtud.

“Mis hijos me faltan al respeto” o “no tengo autoridad sobre mis hijos” son comentarios habituales entre las madres y padres de hoy en día. Sin embargo, probablemente muchos de ellos no se den cuenta de que cada vez que emiten críticas indiscriminadas sobre otras personas ante sus hijos están minando las bases de su propia autoridad. ¿Desde qué edad puede transmitirse a los hijos el valor del respeto? ¿Por qué unos niños son respetuosos y otros no, incluso en el seno de una misma familia? ¿Es el respeto una virtud innata o puede adquirirse con el aprendizaje?

-¿Qué haces viendo la tele?

-¿Qué pasa? ¿No puedo ver la tele?

-A esta hora no, además tienes un examen pasado mañana.

-Ya me lo sé.

-Sí claro, como la última vez. Anda, ponte a estudiar.

-¡Mamá, déjame en paz! ¿Por qué no te metes en tus propios asuntos?

Conflictos como éste son habituales en muchos hogares, independientemente de su nivel social o cultural. La falta de respeto es uno de los problemas que más preocupan a los padres. Lograr una comunicación respetuosa en el hogar es una premisa necesaria para la educación familiar y sin embargo constituye un ideal difícil de alcanzar para muchos. Ante las dificultades que puede plantear la educación de los hijos en la virtud del respeto, los especialistas señalan una serie de recomendaciones prácticas que pueden hacer más fácil y eficaz esta tarea.

¿Niños respetuosos?

En principio, la respuesta a este interrogante debería ser negativa: la capacidad de ponerse en el lugar de otras per­sonas está muy poco desarrollada en los niños pequeños. Más bien se comportarán adecuadamente porque existen unas reglas del juego. Quizá una recomendación que se podría hacer sería no preocuparse demasiado para desarrollar el respeto en este sen­tido con los niños pequeños (aproximadamente hasta los 10 años), pero sí ayudarles a ejercitar la virtud de la obediencia, y a madurar su voluntad para que, al llegar a reconocer la posibilidad de respetar a otras perso­nas, cuenten con la fuerza interior suficiente para hacerla.

Lo que un niño de estas edades no debe hacer es robar ni hacer uso de cosas que pertenecen a los demás sin su autoriza­ción. Es lógico que esté atraído por las posesiones ajenas y, además, con su sentido de justicia poco desarrollado puede pensar que es injusto que otra persona tenga algo que él quiere poseer. No aprovecharse de los bienes ajenos supone de­sarrollar la virtud de la fortaleza. Por eso, parece sensato establecer un equilibrio en la familia entre posesiones compartidas entre todos y posesiones personales. A veces, los padres pretenden que todo lo que poseen los niños esté disponible para el uso de todos. En este caso, están desaprovechando una ocasión para desarrollar el respeto en sus hijos.

De todos modos, los niños pueden ir preparándose para respetar afectivamente a los demás, viviendo en un ambiente de respeto y de cariño. Los pequeños son muy sensibles al ejemplo de los adultos. Si los padres no tratan con la debida consideración a ciertas personas (empleados, personal dedicado al servicio, etc.) es probable que los hijos tampoco lo hagan. Igualmente, si los niños oyen a sus padres criticar indiscriminadamen­te a cierto tipo de persona, sea por raza, por origen, por profesión, por características personales, es probable que esta intransigencia y falta de respeto les condicionen profundamente.

Adolescentes que “pasan” de los demás

Al llegar a la adolescencia, el respeto tiene mucho más sentido. Ya con una intimidad propia descubierta, los hijos son capaces de reconocer lo que significa respetar a los demás y a sí mismos.

El adolescen­te quiere ser respetado por los demás y nota claramente cuán­do existe este respeto. Sin embargo, no nota con tanta claridad cuándo está faltando en respeto hacia otros: le molesta que algún amigo hable mal de él, pero está muy dispuesto a hablar mal de los demás.

Los padres deben explicar a sus hijos en esta etapa del desarrollo que debe existir un mayor respeto entre las personas que se conocen mejor -los hermanos y los amigos íntimos-, porque en la misma relación es necesario afinar más para per­mitir una convivencia continua. Ahora sí que es posible aclarar a un hijo que no debiera hablar de las cosas íntimas de algún hermano delante de los demás, de mostrarles que cada uno tiene el derecho de comportarse como él quiera, con tal de que no perjudique a los demás ni a él mismo.

Otro problema para el adolescente es que entiende el res­peto únicamente como un «dejar de actuar, procurando no perjudicar», y así no reconoce su deber de ayudar a los demás. Por eso, es bueno hacerles ver que si los demás tienen la posibilidad radical de mejora, el respe­to nos debería llevar a ayudarles a alcanzar una mayor pleni­tud personal. Ahora bien, para poder ayudar hay que conocer al otro con profundidad, valorando todos los aspectos de su situación.

Para qué sirve el respeto

El respeto es una virtud y, como tal, debe adquirirse como parte del desarrollo de la personalidad de todo ser humano. Pero además, el respeto es una llave que puede abrir muchas puertas a lo largo de la vida, en múltiples ámbitos como el profesional, el académico o el familiar.

 -El respeto facilita la comunicación y la comprensión entre las personas, por lo que supone uno de los ingredientes del éxito en las relaciones personales, ya sean matrimoniales, de amistad, con los compañeros de trabajo…

 -El respeto está en la base de otras habilidades como la capacidad de negociación o de trabajo en equipo. Una persona respetuosa logrará antes y más eficazmente sus objetivos.

 -En una época caracterizada por el abandono de las normas de educación y convivencia, el respeto constituye un valor añadido que puede resultar decisivo a la hora de encontrar trabajo o acceder a puestos de responsabilidad.

-Allí donde se encuentre, una persona respetuosa contribuye a crear una ambiente de serenidad, del que se beneficia ella misma y todos los que la rodean. Frecuentemente, son los hombres y mujeres respetuosos quienes reconducen hacia la calma las situaciones de especial tensión o nerviosismo. Esto les proporciona una imagen de liderazgo ante los demás, y les hace especialmente aptos para las tareas directivas.


Artículo original publicado en el número 12 de la revista Signos.

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