30/01/2017 Attendis

Mi familia es mi felicidad

Numerosos estudios y reconocidos autores concluyen que la familia es la mayor causa de felicidad.

Según los resultados de un estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de 2006, la felicidad de los españoles se apoya en la familia y la salud. Concluye que para ser feliz es indispensable compartir al menos dos horas diarias con la familia y gozar de buena salud. Los mayores reveses de fortuna son la escasez, la soledad y el abandono de los valores tradicionales. Para el 10% de los españoles la vida moderna es fuente de insatisfacción. La falta de tiempo libre y el trabajo poco estimulante son factores que provocan infelicidad.

Los datos de la investigación del CIS, que hasta ahora es la más completa sobre felicidad, indican que el 78% de los españoles se considera muy feliz o bastante feliz y sólo el 6% se declara desgraciado. El mismo informe determina que para mujeres y hombres disfrutar de la familia y de un entorno familiar adecuado es esencial para sentirse realmente feliz.

 Los conceptos de familia y felicidad, aunque no sinónimos, tienden a unirse por su sentido y significado más amplio. Normalmente, la familia no se entendería sin el concepto de felicidad, pues constituye la fuente de esta última.

Frases populares, a simple vista sin ningún contenido trascendente, como “en casa, en ninguna parte” o home sweet home, reflejan que la familia, -materialmente el hogar-, es el núcleo y lugar donde la persona se siente bien, descansa, se da a los demás y se realiza plenamente. El hombre, en su entorno familiar, es aceptado tal y como es, sin reservas ni condiciones. Enfermo, bajo, alto, gordo, guapo o menos listo, cada uno de los miembros es querido por su familia tal y como es, sin exclusiones, con sus defectos y sus virtudes.

Mi familia es mi felicidad

Según la Real Academia Española, el término familia se describe como un “grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas”, aunque realmente posee un significado más alto, enunciado en multitud de ocasiones por el orientador familiar Tomás Melendo[1]: “El lugar natural donde se aprende y enseña a amar y ser amado”.

La RAE define la felicidad como un “estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien”. No obstante, en un borrador de su vigésima tercera edición, apunta una segunda acepción: “Persona, situación, objeto o conjunto de ellos que contribuyen a hacer feliz”. Aunque ésta no sea la definición más acertada, finalmente aparece un ejemplo de lo que puede ser la felicidad. Y no es el dinero, un cuerpo perfecto o un vehículo de alta gama. El ejemplo propuesto por la RAE como causa de la felicidad es la familia: Mi familia es mi felicidad.

Y así lo señala el autor Tomás Melendo: “El ámbito natural de la acogida sin reservas, por el mero hecho de ser personas, es la familia (en la que se nace o la que se crea). Y sigue: “No solo el niño necesita de ella, sino el adolescente que aparenta negarlo, el joven ante el que se abre un abanico de posibilidades, el adulto en plenitud de facultades o el anciano que aparenta declinar (…)”.

Melendo, en el Congreso Internacional sobre Familia y Sociedad de 2008, organizado por el Instituto de Estudios Superiores de la Familia de la UIC, aludía a  Víktor Frankl, fundador de la Logoterapia, en una aclaración de lo que significa realmente la felicidad y que se puede trasladar al ámbito familiar: “No es sólo el resultado de la plenificación de un sentido, sino también, un efecto colateral, no buscado, de la autotrascendencia. Por tanto no puede ser perseguida, si no que sobreviene. Cuanto más aspiramos a la felicidad  y al placer, tanto más erramos nuestro objetivo”.

La familia, el camino más importante

Como dice Juan Pablo II en su Carta a las Familias del año 1994: ”Entre los numerosos caminos, la familia es el primero y el más importante”, y prosigue: “Cuando falta la familia, se crea en la persona que viene al mundo una carencia preocupante y dolorosa, que pesará posteriormente durante toda la vida”.

Pero no hay que olvidar que el darse a los demás en el entorno familiar significa un sacrificio y un continuo gastarse a diario, que lejos de la tristeza, dotarán al individuo de una inmensa alegría, fruto de la generosidad  y de mirar continuamente por el bien familiar y no por el de uno mismo.

Como diría Cherteston, formar la propia familia, es de hecho, fundar una sociedad propia, “un pequeño país”. Se podría añadir que de cada miembro de la familia depende convertir ese “pequeño país” en un paraíso, que sea foco de paz y alegría. Y…¿cómo conseguirlo? Primero, amando a todos los miembros de la familia con objeto de favorecer su felicidad. Al amar a los tuyos conseguirás ser feliz, pero no debes hacerlo a sabiendas de que conseguirás ese bien para ti. Tendrás que facilitarles que hagan ese bien al resto, con el objetivo de que los demás sean felices. Y como consecuencia,  tú serás feliz.

 


Artículo original publicado en el número 13 de la revista Signos.

[1] Tomás Melendo Granados es catedrático de Filosofía (Metafísica) de la Universidad de Málaga y doctor en Ciencias de la Educación y Filosofía. Además, dirige el Master Universitario de Ciencias para la Familia de la Universidad de Málaga. Sus escritos superan ya lo cuarenta libros y más de un centenar de colaboraciones en  revistas especializadas.

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