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Y la paga.. ¿para cuándo?

El valor educativo de la paga semanal. ¿Una obligación?

Aunque cada vez se habla menos de ella, la paga era un clásico de las “negociaciones” internas de cualquier familia con hijos de mediana edad. Que si “no te doy paga”; que si “adelántame dinero”; que si “súbeme la paga” … y así tantas y tantas veces.

Habitualmente los hijos piden y los padres se resisten a dar. Y todos buscan fijar un modelo que les beneficie. Pero ¿Es la paga el método ideal? ¿Es preferible atender los gastos de los hijos uno a uno cuando se presenten?

Pienso que la paga tiene un valor por encima de su carácter práctico. Se trata de un valor más hondo: un valor educativo. A través de la paga podemos enseñar a los hijos cuestiones tan necesarias como la administración de los propios recursos, el ahorro o la pequeña inversión. Y, mucho más importante que todo esto, educamos en virtudes tan importantes como la generosidad, la austeridad, el esfuerzo o la paciencia.

Los padres tienen obligación de proporcionar manutención a sus hijos. Esto viene asociado a la paternidad. Pero dar paga no es una obligación. Existen otras fórmulas como, por ejemplo, que pidan el importe que necesitan para un gasto concreto, o el “bote común”, del que cada uno se sirve en función de sus necesidades con responsabilidad y sentido de la solidaridad familiar.

Si elegimos la paga, coincido con el juez Calatayud en que ésta debe ser “poquita”, escasa, y estar ligada a un buen comportamiento. Me refiero a que una conducta inapropiada puede ser motivo para suspender la paga. Pero cumplir las obligaciones del hogar que todo miembro de la familia tiene encomendadas nunca es la causa de dicha paga. Los hijos ayudan porque deben, no porque cobren. Y los padres damos paga porque queremos, no por obligación.

Y es que el dinero puede motivar al principio, pero su efecto pasa rápido. Si el hijo percibe que cuando cumple sus obligaciones puede exigir, esa exigencia siempre irá a más, no tendrá límite. Es mucho más eficaz un premio de tipo afectivo -un abrazo, darle la enhorabuena- o social -un plan en familia, un reconocimiento en público- que uno económico.

¿Cómo podemos concretar esta práctica de dar paga? Para empezar, debemos establecer una cuantía fija y adecuada a los gastos que nos parezcan razonables para cada edad, sin caprichos desmesurados ni despilfarros. Pensemos: ¿qué necesidades reales tiene cada hijo? Quizás una cena fuera de casa a la semana, una sesión de cine, alguna merienda… Y a más edad: gasolina o transporte, alguna invitación a amigos…


La paga requiere, por parte de los padres, el ejercicio de algunas virtudes. En primer lugar la firmeza. Se cumple con lo establecido y no se atienden caprichos inesperados. Además, se da ejemplo de sobriedad a los hijos, de manera que vean encarnada en sus padres la enseñanza de no gastar si no es necesario.

Resulta una buena experiencia dar la paga en día fijo y en dinero efectivo. En día fijo, porque así les ayudamos a administrarse en un periodo de tiempo concreto. Y en efectivo, porque entra más por los ojos la volatilidad del dinero y facilita el ahorro.

La paga requiere, por parte de los padres, el ejercicio de algunas virtudes. En primer lugar la firmeza. Se cumple con lo establecido y no se atienden caprichos inesperados. Además, se da ejemplo de sobriedad a los hijos, de manera que vean encarnada en sus padres la enseñanza de no gastar si no es necesario.

En segundo lugar, la paciencia. Veremos decisiones de gasto de nuestros hijos que no nos gustarán demasiado, actitudes acomodadas o reacciones impacientes. En todas esas circunstancias hay que pensar que estamos educando y que las equivocaciones son ocasiones de mejora y aprendizaje.

También ejercitaremos la puntualidad, al proporcionar la paga en día fijo; o la generosidad, al ser justos con el importe escogido; o la fortaleza al resistir las más que probables peticiones de aumento constantes e inoportunas por parte de los hijos.

Y, por último, ojo a los ingresos que procedan de familiares cercanos. Los abuelos, los padrinos… no deben actuar al margen del sistema que hayamos establecido. Si acaso, podemos pedirles que sean ellos quienes contribuyan con su ayuda a un ahorro de mayor cuantía que permita adquirir algo más costoso. Quizás podrían encargarse de alguna paga “extra”, justificada con algún esfuerzo también extraordinario por parte de los hijos.

La paga es, en definitiva, un instrumento educativo. Si no resulta así, haremos bien en replantearnos la situación y corregir si es necesario.

EDUCACION DEL FUTURO

Actualmente, los colegios de Attendis cuentan con unos 12.000 alumnos y su equipo de profesores está formado por más de 700 profesionales.