07/06/2019 Leticia Rodríguez

Hijos de alta demanda

¿Una invención o una realidad?

Has escuchado alguna vez el término “alta demanda” para referirse a un bebé o niño? En la actualidad este concepto es utilizado frecuentemente y cada vez son más los padres que afirman que sus hijos se encuentran dentro de estas características.

Todo comienza cuando el pediatra estadounidense William Sears, crea el término “high need baby”, cuando se da cuenta de que su cuarta hija es totalmente diferente al resto de sus hermanos, a pesar de haber utilizado el mismo sistema de crianza que con los anteriores. Este hecho hace que además de no entender muy bien la situación, perciba ciertas etiquetas y prejuicios de las personas de su entorno, que comienzan a valorar la dificultad que conlleva tratar a su hija por sus peculiaridades. Por ello, decide aceptarla sin intentar cambiarla, quererla tal y como es. A raíz de este hecho se dedica a ayudar a los padres que están pasando por la misma situación con sus hijos con métodos de crianza concretos que en algunos casos han roto con el prototipo convencional que normalmente se había aconsejado durante los primeros meses o años de vida de un niño.

Con respecto a esta definición, alta demanda,  existen opiniones de todo tipo. Desde los que opinan que no existen niños así, y que todo esto es una estrategia de marketing para vender un producto, hasta los que se sienten totalmente identificados con dichas descripciones, y en cierta forma consolados y comprendidos en sus circunstancias. Otros en cambio nunca han escuchado hablar de este tema y no saben ni siquiera a qué se refieren.

Tengamos claro que en cierta medida, y según las edades, todos los niños son demandantes y necesitan de los adultos para sobrevivir. Si no fuera así, dejarían de serlo. Claro que los adultos, antes de complacerlos o cubrir sus demandas deben pensar si saben realizar por ellos mismos esa acción, porque bien es cierto que en bastantes ocasiones los suplantamos coartando su autonomía por pura comodidad nuestra.

Como no se puede generalizar, hay que tener en cuenta que cada niño es distinto, con unas características únicas e incomparables con las de otro, y como tal debemos quererlo y valorarlo, dejando atrás las críticas y etiquetas peyorativas. No hay dos hijos iguales y por ello no se deben tener expectativas creadas para el primer, segundo o tercer hijo. No obstante vamos a seguir tratando de entender cómo describen al hijo de alta demanda.  

En realidad este término se emplea hoy en día no sólo para definir a ciertos bebés, por el contrario, se ha hecho extensible a niños hasta de 11 y 12 años. Se describe un perfil concreto de niños con excesiva actividad que parece que nada les entretiene ni satisface sus deseos, con una dependencia total del adulto, sobre todo de la figura de apego de su madre, de la que reclaman aprobación y contacto físico constante. Poseen un nivel de intensidad que agotan, son impredecibles y bastante difícil de satisfacer. Tienen una sensibilidad excesiva y no saben calmarse por sí mismos. Básicamente estas serían las características que definen el perfil de alta demanda. ¿Te has sentido identificado con alguna de ellas, o quizás con todas?. Quizás estás descubriendo que en tu propia familia se pueda estrenar este término relativamente nuevo y en auge social.

Las características del niño de alta demanda

Según las experiencias de las familias que viven estas situaciones, no se extinguen con el tiempo, sino todo lo contrario, permanecen, incluso se intensifican. Al principio eran bebés y poco a poco se han ido haciendo mayores arrastrando consigo este lastre. En los primeros años de vida, el niño va forjando su temperamento y estos rasgos van a ir marcando su forma de ser. La esperanza de los padres es que en el futuro maduren y se den cuenta de que deben modificar su conducta, pero hasta ese momento deben afrontar el día a día como un verdadero reto, con el convencimiento de que nadie mejor que ellos pueden entender, querer y ayudar a sus hijos en el camino de la vida. En este largo e intenso recorrido siempre son reconfortantes las sugerencias y consejos, y en ellas se basarán las siguientes líneas.

Estaréis pensando que las características que describen al niño de alta demanda, pueden ser las de un niño común, algo malcriado y consentido que en su educación está prescindiendo de exigencia, en un ambiente permisivo. Para poder controlar mejor estas situaciones, la mejor receta es la educación basada en un abanico de valores que les ayuden desde pequeños a fortalecer su voluntad y vayan modelando su carácter.

Cualquier padre y madre de familia puede sentirse identificado con la descripción de algunas o todas estas características en mayor o menor grado. Las circunstancias familiares también van marcando las actitudes de los niños. Hijos únicos, o que se han llevado mucho tiempo siéndolo. Hermanos pequeños de tres, cuatro ó 5 miembros, hijos de padres que poseen una jornada laboral muy extensa y les cuesta conciliar vida laboral y profesional, niños que pasan mucho tiempo con abuelos, que realizan pocos planes en familia, situaciones difíciles por rupturas de la relación de los padres, etc. Por estas y otras circunstancias,  los niños pueden poseer carencias afectivas que inciden en el control de sí mismos, autonomía, seguridad y falta de iniciativa. Por este motivo, siguen necesitando tanta atención del adulto. Les aterra enfrentarse a nuevos retos solos porque no están acostumbrados.

Niño de alta demanda jugando y riendo

Algunos de vosotros podréis pensar que en realidad este término no es más que el reflejo de la sociedad cambiante que tenemos hoy en día. Los padres tememos que nuestros hijos sufran, y por ello adoptamos el “modo burbuja”, protegiéndoles en exceso,  sin darnos cuenta. Nos excusamos argumentando que debemos cuidarlos, buscar siempre lo mejor para ellos, pero en realidad, anulamos el sentido común sin reconocer que le perjudicamos más que ayudamos. El resultado es que con estos modos de actuar, el niño piensa que no confiamos en él y todo su potencial, por lo que anula el esfuerzo, la perseverancia y la constancia, dando paso a dejar que papá y mamá lo hagan por mí, y los padres pensarán que es muy pequeño aún, que le queda toda una vida por delante, sabiendo que se está frenando su crecimiento, porque en realidad no queremos dejarlo crecer por propio egoísmo.

Probablemente detrás de este perfil se encuentren  niños inteligentes y sensoriales en un porcentaje alto, que han descubierto los puntos débiles de sus padres y saben en qué momento ceden a sus demandas. Son actitudes que les funcionan para alcanzar sus objetivos y que repiten con mayor fuerza incluso para adquirir antes los beneficios.

Debemos enseñarles a que comprendan cuáles son las conductas adecuadas y a diferenciar entre el bien y el mal. Si por el contrario enumeramos más sus defectos que sus virtudes, ellos serán los primeros que sientan cuál es nuestra percepción. Recordemos que el lenguaje no verbal es a veces más claro que el verbal. Las emociones negativas siempre se perciben y dejan más huella desgraciadamente que las positivas, así que debemos ser cautos.

¿Cómo tratar con niños de alta demanda?

Se indican a continuación algunas sugerencias para tratar a niños de alta demanda y a aquellos que poseen un temperamento difícil.

  • Como poseen unas características concretas, su educación y crianza resulta más compleja, por lo tanto, sus necesidades son mayores y debemos atenderlas. El contacto físico, las muestras de cariño, como besos y abrazos y los elogios cuando realizan acciones deseadas, deberán ser más frecuentes. Quizás con sus hermanos no sea necesario, pero recordemos que a cada uno posee unas necesidades distintas y no por ello es mejor ni peor, sino único e irrepetible.
  • Los padres deben estar siempre de acuerdo en sus decisiones y  permanecer firmes porque la excesiva persistencia de los niños puede hacer que los padres por agotamiento cedan a sus deseos y estas conductas disruptivas se hagan más repetitivas en el tiempo porque les den resultado. Los límites deben ser claros y consensuados.
  • Mantener la calma, pase lo que pase. Los hijos saben perfectamente cuando estamos nerviosos y agobiados por sus acciones. Ver a sus padres serenos, comprensivos sin gritar ni enfadarse, pero a la vez sin ceder, les bloquea porque se dan cuenta de que no es la reacción que esperaban, y por lo tanto desisten. –Entiendo que estés enfadado, es normal que llores y te sientas mal porque quieras seguir jugando, pero ahora hay que bañarse.- Esto es disciplina inteligente.
  • No debemos realizar comentarios peyorativos delante de él. Evitar descripciones negativas de su forma de ser. Las  comparaciones con sus hermanos y esta clase de críticas actúan negativamente incidiendo directamente en su estado emocional y autoestima.
  • Para que el matrimonio no se desgaste con estas circunstancias repetitivas, debeis pasar momentos a solas, buscar tiempos en los que el niño no esté presente. Pedir ayuda a los abuelos, tíos y familiares para poder salir a cenar una vez cada quincena o al mes, una escapada de fin de semana varias veces al año, etc. Con esto tendréis más tiempo para hablar, ser positivos, idear nuevas acciones y  sentiros más unidos.

En definitiva, ¿quién dijo que ser padres fuera fácil? Es una carrera de fondo en la que caeremos en repetidas ocasiones de puro cansancio, pero también ganaremos grandes trofeos que nos ayudarán a no fijarnos en las pequeñas derrotas, sino a llegar a la meta después de haber dado durante el recorrido, lo mejor de nosotros mismos.

            

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