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EDUCACION DELFUTURO

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Mamá: “Quiero ser instagramer”

Lo de “Mamá, quiero ser artista”, ha pasado a la historia. Ahora puede que nuestros hijos, y más bien ellas, quieran ser instagramers, o que quieran abrir una cuenta en esta red social a una edad demasiado temprana. Los padres no podemos estar de espaldas ante esta nueva realidad que, en muchos casos, puede escaparse de nuestras manos.

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Padres primerizos: 8 tips para no caer en la tentación

Nueve meses de preparación física y mental. Y llega a nuestras vidas un pequeño ser, el más valioso de los regalos que nadie nos pudiera ofrecer: Tu hijo. Tu primer hijo. No estamos preparados. Ni sabemos cómo actuar. Todos nos dicen cómo tenemos que hacer. Que si llora, esto. Que si no duerme lo otro. Cada familia aprenderá a su manera. Pero la experiencia de otros puede ayudarnos en no caer en las mismas primeras veces que los demás.

Ocho tips muy básicos para sobrevivir como padres primerizos:

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Superar la rutina en familia

5 tips para entrar en octubre con alegría

Terminan las vacaciones. Deshacer maletas y estamos de nuevo inmersos en la rutina, aún cuando el tiempo todavía es veraniego. Los padres trabajando, los niños en el colegio, pero con mentalidad de verano. Es difícil adaptarse al cambio y conciliar.  A los los más pequeños, les cuesta el ritmo y el horario de clases. Y los padres, tampoco lo tenemos fácil para volver a nuestro día a día.

Te damos cinco tips para que tu vuelta a la rutina sea llevadera, y la entrada a octubre más amable.

1.Vive cada día. No te agobies

Vive al día. Si piensas todo lo que te queda por hacer, lo único que conseguirás serás agobiarte y lamentarte. Puede ser útil dedicar unos minutos al día para ver las tareas y planes que tenemos que organizar con los hijos, o en el terreno personal, social, afectivo y profesional. Y centrarnos en eso que hoy nos toca hacer. Mañana, Dios dirá.

2. Haz algún plan en familia que os recuerde al verano

El cambio es tan profundo, que no podemos entrar de repente en un estado de rutina absoluto.  Tiene que ser poco a poco y en pequeñas dosis. Por eso es bueno introducir detalles en la jornada con sabor a verano: un helado, una limonada, o una visita relámpago a la piscina, si tienes la suerte de tenerla y que esté abierta. Piensa qué cosas puedes hacer. A veces lo más pequeño es lo que nos hace feliz y convierte un día gris en un día para celebrar.

3. Sé flexible

Rompe la rutina con pequeños gestos o con detalles que no son propios de un lunes o un martes, simplemente porque se asocian a días tediosos llenos de trabajo. Podemos organizar una cena temática un lunes, dar un pequeño paseo, o tomar un refresco en una terraza.  Con niños, el bucle de tareas-baños-cena, podemos romperlo con cierta flexibilidad cuando sea necesario. Podemos acortar los baños por duchas, y organizar una merienda-cena para ver, por ejemplo, una peli en familia. Piensa cómo puedes hacer para ser más flexible en tu día a día.

4. Haz partícipe a tus hijos de pequeñas tareas

Nuestros hijos tienen que sentirse como parte importante de la familia. Y como todos, tienen que aportar con su granito de arena. Demos a cada uno su sitio y su encargo. Un calendario organizador familiar nos ayudará a que cada uno visualmente vea su sitio y su manera de servir a los demás en la propia familia.  Tener uno en la nevera puede ser muy práctico. O en el lugar de la casa que más nos convenga.

5. Delega lo que otros puedan hacer por ti

Seguramente seas el padre y madre más ocupado del mundo. Intenta hacer un ejercicio de reflexión para poder tener más tiempo para ti, para los tuyos, para tu cónyuge.  Plantea el nuevo curso pensando qué tareas pueden hacer otros por ti. O de aquello que puedes prescindir o eso otro que deberías hacer. Ten en cuenta la ayuda que te brinda la tecnología. De esta manera, podrás dedicar tu tiempo a lo que realmente te importa. Con buen humor y con una visión realista y optimista de tu situación actual.

El verano de su vida

Experiencias para brindar a nuestros hijos durante las vacaciones

Quién no recuerda los veranos de su infancia, en el pueblo, con los abuelos, con los primos, en aquella casa de campo. O los días de playa, las partidas en la sobremesa, el helado de la noche, aquel paseo en bici, la colección de  cromos, el cine de verano con bocata en mano. Sin darnos cuenta, vamos conformando el recuerdo y la historia familiar, a través de pequeñas vivencias. Preocupémonos de brindar a nuestros hijos experiencias que irán conformando el recuerdo de su niñez. Actividades, a simple vista, muy sencillas, pero que seguro, nunca olvidarán.

Te mostramos 10 experiencias que tus hijos no se pueden perder este verano.  Y al alcance de todos. Toma nota:

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Mamá, papá ¿os ayudo?

Las tareas domésticas para educar a nuestros hijos en el servicio a los demás

Algo tan simple como sacar los platos del lavavajillas.  Solo eso tenía Mónica asignado en verano, con 7 años. Y hacer la cama. Alberto, de dos, llevaba la ropa sucia a la lavadora. Cuando había que poner la mesa para ver una peli en el salón, decía con boca de trapo: ¿Mamá, te ayudo? Cuánto bien pueden hacer estos pequeños gestos en nuestros hijos. Sobre todo si comienzan con desde corta edad con simples encargos. Serán conscientes después que entre todos se hace hogar y aprenderán a ser responsables y hacerlo con alegría.

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El verano: la mejor oportunidad para crecer como familia

Aunque a muchos le parezca que el verano es un tiempo descontrolado, sin horarios y con el caos como norma general, las vacaciones pueden ser un tiempo maravilloso para estar con los nuestros. No solo se trata de compartir los días de playa, un viaje… Se puede crecer en familia en la playa o no. Se puede crecer en familia en un viaje a Bali. O no.  Se puede crecer en el pueblo. O no.  El lugar es lo de menos. Lo de más es crear espacios de tiempo compartidos y pensar como padres qué necesitan nuestros hijos y nuestra pareja para mejorar, para ser feliz.

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Identificar las Altas Capacidades

En la sociedad de hoy tenemos claro que ser inteligente es una suerte, un don que nos han dado, y es por ello que hay que estar orgulloso. Pero a veces, esa inteligencia se vuelve en contra de algunos aspectos naturales y sociales de nuestra vida. Los Superdotados son personas, que a pesar de su inteligencia, suelen presentar  grandes carencias, es por ello que los escolares con Altas Capacidades Intelectuales para la ley educativa, son alumnos y alumnas con necesidades específicas de apoyo educativo por presentar altas capacidades intelectuales, como lo recoge la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad de la Educación (8/2013) en los apartados 1 y 2 del artículo 71 a nivel estatal.

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Qué puede hacer la familia por el éxito académico de los hijos

Son numerosos los estudios que afirman que la comunicación frecuente entre la familia y el  centro educativo, sentirse parte del colegio y mostrar interés por la formación de los hijos resultan determinantes en sus resultados. Además, la comunicación, la organización y la unidad familiar son base para el desarrollo afectivo y académico.

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Disfrutar del arte

Contagiar a los hijos el gusto para disfrutar del arte requiere de tiempo para ir a los lugares en los que se encuentran las obras de arte. Gracias a la tecnología, podemos acercarnos a estas obras de arte y contemplarlas desde casa.

En primer lugar me gustaría que nos centrásemos en una película: El indomable Will Hunting. En una escena, Robin Williams está hablando en un parque con el joven Matt Damon. Este joven sabe de todo, pero no lo importante. Entonces Robin Williams le dice: “Si te pregunto de arte me darás un montón de datos. Miguel Angel: lo sabes todo, aspiraciones políticas… pero no puedes decirme como huele la Capilla Sixtina. Nunca has estado ahí y has contemplado ese maravilloso techo, no lo has visto”. Vivimos en un momento de la Historia donde tenemos acceso a mucha información, pero eso no es la realidad. Nunca en la historia de la humanidad había existido la posibilidad de tener acceso a la información como actualmente tenemos. Tenemos todo al alcance de la mano pero no sabemos usarlo debidamente. Y en esta sociedad tan técnica, a veces tan poco humana, nos preguntamos en cómo volver a ser un poco más humanos, y es aquí donde aparece el arte. Parece que el arte es algo tan lejano, que es de otra época. Pero el arte es algo esencial para los hombres. Es lo que nos hace sentir que estamos vivos, que no pensar en educar a nuestros hijos y nuestros alumnos en tener gusto estético, huele a bárbaros.

Sin prisas

Por mucho que nos quejemos, todos tenemos prisa, todos esperamos que las cosas pasen con rapidez, vivimos en la cultura de lo inmediato, nos cuesta disfrutar del tiempo. Y muchas veces los padres y los profesores trasmitimos a nuestros hijos todas las prisas, el no saber disfrutar de lo cotidiano, de las cosas pequeñas de todos los días. Para eso, uno de los antídotos más importantes que tenemos es el arte. Visitar un Museo, unas ruinas romanas o entrar en una catedral gótica. Para eso preparamos la visita, la celebramos en cierta forma, porque estamos juntos, usamos la audioguías, que suelen ser magníficas, y dejarse sorprender por lo que vamos a ver. Es aislarnos de todo eso que nos consume todos los días y dedicar un tiempo a nuestra familia y a contemplar el arte. Te quedas sorprendido cuando vas al Museo del Prado y ese ambiente, el silencio, la contemplación, también es capaz de cautivar a nuestros hijos. Puedes hacer con ellos preguntas de comprensión del tipo veo, pienso, me pregunto, que usamos en la enseñanza para la comprensión en los colegios. Y puedes observar cómo ellos son capaces de hacer una historia de ese cuadro. 

Aprovechar la tecnología

Hay que tener en cuenta que no siempre podemos hacer visitas culturales in situ, por las inclemencias del tiempo o por una enfermedad y tenemos que quedarnos en casa. Decía Steve Jobs que la tecnología debía ir hacia las personas, no al revés, y ese es el punto donde podemos sacar partido: poder tener esos museos virtuales es lo que nos ofrece la tecnología. Visitar el Museo de Louvre puede ser una labor de titanes, pero puedes ver en su web vídeos con unos excelentes comentarios sobre la Victoria de Samotracia. La aplicación de Second Canvas del Museo del Prado te permite ver cómo pintaba Van der Weyden al milímetro o los arrepentimientos de Velazquez. O usar la aplicación de Google de Expediciones o Arts and Culture. El uso de las gafas de realidad virtual, aunque pueda parecer un poco ortopédico, nos pueden ayudar a darnos una vuelta por los foros romanos o ver el Pantheon de Roma desde dentro. Querer es poder.   

Para acabar. Es verdad que la tecnología nos trae al salón de nuestra casa la posibilidad de ir a cualquier museo del mundo, poder contemplar a través de Google Earth las calles de cualquier ciudad del mundo o poder ver la National Gallery de Londres. Pero al final siempre nos queda el saber lo que nos dice la Gioconda en vivo, si está enfadada, triste o irónica, o mirar hacia el techo y pensar como fue posible pintar la Capilla Sixtina.

 

Saber ganar, saber perder

El deporte lo practican humanos. Fracasan y triunfan seres humanos. Se superan o se hunden personas. Y, si es cierto que el deporte nos hace mejores, también es verdad que algunas actitudes de algunos deportistas nos llevan a reflexionar sobre la necesidad de advertir a nuestros hijos de las consecuencias del éxito y del valor del fracaso.

Un tema por el que últimamente me encuentro bastante interesado son las bondades y beneficios de la educación física y el deporte general en niñas y niños. Esos escolares viven influenciados por deportistas de élite y no son pocos los padres y madres que también intentan que sus hijos sean estrellas deportivas. Sin lugar a dudas, les mueve la mejor de las intenciones. No se me ocurre mejor deseo para un hijo que ser un gran deportista. Y tampoco se me ocurre peor método que el de la obsesión de algunos -pocos- padres que causan un daño irreversible a sus hijos cuando les ponen unos objetivos tan ambiciosos como frívolos.

No hace mucho leí un tweet en el que, tras la herida en la cara de un conocido deportista que juega en un equipo de nuestro país, se decía “Ronaldo estará de baja dos semanas en Instagram”. Importaba más la imagen del deportista que su rendimiento en el campo. Y es el ejemplo de lo que quiero contaros.

Valores de la educación física

Los valores intrínsecos a la educación física son siempre positivos. Forman parte de esos “lugares comunes” en los que todos estamos de acuerdo. El bien es siempre difusivo. Y en el deporte se trasmite una verdad, un esfuerzo, una capacidad de sacrificio, un instinto de superación… que es tan atrayente como cualquier virtud o valor. En el deporte hay algo bueno y bello. Y nadie lo puede esconder.

El deporte lo practican humanos. Fracasan y triunfan seres humanos. Se superan o se hunden personas. Y, si es cierto que el deporte nos hace mejores, también es verdad que algunas actitudes de algunos deportistas nos llevan a reflexionar sobre la necesidad de advertir a nuestros hijos de las consecuencias del éxito y del valor del fracaso. De la importancia de descubrir la satisfacción de una correcta educación física y el riesgo de confundir fines con medios: qué buscamos para ellos en la práctica deportiva, qué riesgos se asumen y qué expectativas creamos.

Estamos influenciados

Todos estamos influenciados. Nadie puede esconderse de la enorme nube que nos rodea y nos envuelve.  Se nos bombardea con estímulos atractivos. Es difícil ignorarlos por completo. La evidencia nos muestra que el hedonismo se cuela por los entresijos de nuestras vidas y, al final, no podemos obviar que nuestros hijos están expuestos a esos mismos peligros. Esa influencia no es necesariamente mala. Me gusta decir siempre que es un reto. Un horizonte se abre ante nosotros que puede llenarse de luz si estamos dispuestos a asumir nuestra responsabilidad como educadores. Esa influencia tan incisiva no puede hacernos olvidar que tenemos una capacidad enorme de ser libres.  Y enseñar a nuestros hijos la decisiva importancia de ser libres. Saber ser libres. Que no es poca ciencia. Capaces de asumir todos los retos de una sociedad.

Su mejor ejemplo

En mi juventud, durante los años 80 y 90, existían esos deportistas que idealizábamos y que, en muchas ocasiones, eran ejemplos de trabajo, esfuerzo y lucha constante. Esa influencia fue decisiva para adoptar determinadas actitudes para la práctica deportiva. Ahora estos ídolos deportivos no pueden ponerse de ejemplo para un estilo de vida. Debemos concebir la educación a 360º. Y ahí, nuestras hijas e hijos siguen las cuentas personales de celebrities, accediendo a aspectos íntimos de sus vidas… los estamos exponiendo a un abismo.  No están en esas redes sociales el futuro que esperamos para quienes tanto queremos. Y somos conscientes de lo difícil que es hacerles diferenciar la felicidad de los espejismos. Pero una vez más tenemos la herramienta de la libertad. Si la entendemos como “hacer lo que tengo que hacer porque me da la gana” y la importancia de saber que todas nuestras acciones tienen una repercusión. De poco servirá explicar a nuestros hijos cómo deben limitar el uso de redes sociales si nosotros no somos capaces de controlarnos. El mejor predicador sigue siendo fray ejemplo. Y ese reto sí podemos asumirlo aunque no veamos los resultados inmediatamente.

Expectativas – realidad = Felicidad

Hemos de ser conscientes del mundo en que vivimos. Un mundo en constante movimiento. Un mundo donde manda el imperio de lo urgente sobre lo importante. Vivimos en un mundo que ha evolucionado tendiendo hacia la dictadura del “yo”. Toda realidad gira en torno al propio sujeto. Esa situación se llama egoísmo y se nos trasmite por ósmosis.  Y es ese egoísmo el que nos hace proyectar nuestras expectativas, anhelos e ilusiones sobre nuestros hijos. Podemos mirar con sinceridad nuestras intenciones y ver qué parte de deseo se reparte entre nosotros mismos y qué parte del posible éxito corresponde a nuestros hijos. No me refiero al orgullo bueno de verles triunfar y de saber que nuestro esfuerzo ha valido la pena. Eso es legítimo. Lo que me parece menos educador es poner ahí el fin. No. No nos engañemos. El fin está en su felicidad, no en su éxito. En esta vida sólo triunfa el amor. El resto son pompas de jabón cada día más caras. Queremos que lleguen a ser lo que nosotros no hemos sido, respondiendo a eso que nuestra “cosificada” sociedad nos hace entender como triunfadores. Ellos no merecen ser depositarios de nuestras frustraciones y sí saberse queridos siempre y en todas las circunstancias.

Como resultado tenemos a padres frustrados, hijos frustrados y familias frustradas porque no han conseguido llegar a los estándares que el mundo que nos rodea estima convenientes. Han perdido su libertad interior y las han entregado a unos estándares que nadie sabe quién controla. Llegados a este punto no debe cundir el pánico. Debes recordar la sencilla formula que te indico y que hará que tu hija/o sea una niña/o feliz:

e – r = F

Expectativas (que los padres ponemos sobre ellos) menos asunción de la Realidad es igual a la Felicidad de tus hijos. Así de simple.

Educar con el corazón

Para llevar a cabo esta fórmula te recomiendo que no les trasmitas superficialidad. Olvidemos el “postureo” que se cuela en nuestras vidas y nos hace echarle una foto al steak tartar que nos acabamos de pedir en cuanto lo sirven en la mesa. Disfrutemos de una comida en familia. Demos valor a las cosas por lo que nos aportan y no por la percepción de los demás. De lo contrario, tus hijos entenderán que es más importante esa foto en Instagram que comer con ellos un domingo. Y hablar cara a cara. De corazón a corazón.

En conclusión, debemos mantener la lucha por el sentido común que, como bien han dicho ilustres escritores a lo largo de los siglos, suele ser el menos común de los sentidos, para ayudar a nuestras hijas e hijos a ser protagonistas de su propia historia. Que forjen su propio destino transmitiéndoles que han de ser fuertes para obtener la capacidad de pensar y decidir por ellos mismos, dándose cuenta de que solo así serán libres. Esa libertad sin la cual es imposible amar. Tampoco al deporte.

EDUCACION DEL FUTURO

Actualmente, los colegios de Attendis cuentan con unos 12.000 alumnos y su equipo de profesores está formado por más de 700 profesionales.