22/03/2019 Mariam Sánchez

Saber escuchar

Cómo educar a nuestros hijos para que paren, miren a los ojos y escuchen a los demás


El ejemplo es nuestro mayor aliado. Si tenemos el deseo de educar a nuestros hijos a que sean atentos con los demás, considerados, y que les importe el de enfrente, primero tenemos que escucharles a ellos. Con atención y dando protagonismo a cada hijo. Aunque sea en un momento inoportuno y nos pille cansados, agotados. Nadie dijo que fuera fácil, pero es posible. Hoy, de la mano de Mariam, te contamos cómo.

Comprender el mundo requiere mirarlo, escucharlo, contemplarlo, disfrutarlo. Ocurre con frecuencia que entendemos mal las cosas porque no las hemos escuchado. Por ejemplo, podemos sufrir por algo que intuimos que se ha dicho y, si preguntáramos se nos aclararía que no tenemos de qué preocuparnos. Y es que, nuestro discurso va por dentro. Cantidad de cosas nos irían mejor si aprendiéramos a escuchar y a interiorizar lo que nos dicen.

Por otra parte, hay vidas que se resumen en correr y hacer. Esto da lugar a personas que no miran, no escuchan, no piensan … solo hacen y se dirigen al objetivo sin detenerse en la gente. Estamos en un mundo de ruido.

Hay actitudes que nos gritan: “Escúchame” e historias que, si las oímos con interés, pueden cambiarnos la vida. También se dan confrontaciones entre personas que tienen más cosas en común de lo que piensan: se darían cuenta si se escucharan.

La vida de las personas que saben escuchar, se llena de sabiduría, de atenciones hacia los demás, de paz e, incluso, de éxito.

Educar en la escucha

En educación hay un factor importante: enseñar a escuchar.  Transmitir que hay silencios que hablan, que hay personas que dicen cosas muy interesantes y que nuestras palabras deben invitar a la escucha y no al rechazo.

Es diferente oír y escuchar; la mucha palabrería o la abundancia de informaciones nos anula. Muchas veces no sabemos si nuestros hijos nos están oyendo o escuchando. Esto es frecuente que irrite a los padres. No nos tiene que importar repetir las cosas a nuestros hijos hasta que las entiendan. Eso requiere tiempo y paciencia: “Mira que ayer se lo dije”…Pero lo importante no es decírselo sino que lo entienda.

Transmitir que hay silencios que hablan, que hay personas que dicen cosas muy interesantes y que nuestras palabras deben invitar a la escucha y no al rechazo.

Cuando sentimos que nuestros hijos no nos escuchan – que habitualmente sí lo hacen, más de lo que pensamos- podemos proponernos poner más esfuerzo por decir las palabras adecuadas en el momento conveniente y con el tono pacífico. Para que nuestros hijos se interesen por lo que les decimos es bueno analizar el propio discurso y darle un matiz atractivo.

En las familias conviene crear “espacios de escucha”. Estos no suelen ser cuando a los adultos nos va bien, los espacios de escucha se crean, surgen prácticamente de la nada y cuando los hijos lo necesitan.

Algunas ideas que favorecen la escucha

Si educamos hijos que escuchen, estamos formando a personas que se interesan por las vidas ajenas. Hombres y mujeres con afán por descubrir el mundo que viven los demás, personas con capacidad crítica.

Por eso dentro de la formación en la escucha está el enseñar a conversar y el aprender a estar juntos sin necesidad de hablar. Normalmente para que surja una buena conversación con un hijo, es porque hemos sabido estar a gusto con él o con ella, en silencio.

Podemos pensar si en nuestras familias ocurren estas cosas:

  • Aprovechar los trayectos para tener conversaciones o silencios sin que la radio esté puesta.
  • Según las edades de los hijos: se cuentan cuentos, se habla de un libro que hemos leído o una película que nos ha hecho pensar.
  • Se comentan cosas intrascendentes que nos han pasado. Asuntos sin importancia, que los escucho con atención “porque me importas y te han ocurrido a ti”
  • Cuando alguien de la familia cuenta algo, se le deja hasta que acabe y ya después opinamos, comentamos o decimos sin más “Qué interesante lo que dices”.
  • Se opina con serenidad sobre los asuntos sin que tenga que haber una “opinión familiar”, ya que cada miembro es libre.

Es importante escuchar a los hijos

Para escuchar hay que mirar, callar, pensar. Parte de la escucha es la pregunta comprensiva, el interés real sin querer dar lecciones continuamente. Escuchar ayuda a la persona a sacar la riqueza interior que indudablemente tiene.

Debemos dejar tiempo a los hijos para que se expliquen; sin interrumpirles, aunque nos parezca que no es del todo cierto lo que dicen. Dejar hablar. Y… no solo eso:  mirar, decir: “¿y qué más?”. Y “tú cómo lo ves?”, aunque nuestra respuesta ya esté decidida. También al escuchar podemos matizar nuestras orientaciones.

Podríamos intentar evitar que se escuche en las casas la expresión: ¡Cállate! Sólo en contados momentos es necesaria.

La realidad es que está comprobado que los niños que mantienen conversaciones con sus padres adquieren antes la madurez y viven con más alegría. Al fin y al cabo, enseñar a escuchar implica que los padres seamos buenos “escuchadores”. Cuando un hijo se sabe escuchado, crece su autoestima de una manera sorprendente.

Para escuchar hay que mirar, callar, pensar. Parte de la escucha es la pregunta comprensiva, el interés real sin querer dar lecciones continuamente. Escuchar ayuda a la persona a sacar la riqueza interior que indudablemente tiene.

Según las edades

Infantil

Los más pequeños deben saber que lo que dicen nos interesa, aunque su lengua de trapo no pronuncie bien algunos sonidos. Mirarlos cuando nos hablan, interesarnos por sus cosas y poner atención cuando nos cuentan su historieta, o lo que les ha pasado en el cole.

Primaria

Contar cosas de nuestras amistades, del trabajo, de la familia. Lógicamente todo a su nivel. Después, ir preguntando por lo suyo. Necesitan nuestro discurso previo para caer en la cuenta de que hay un tú:  Alguien que no es “él mismo y sus cosas”.

Secundaria

Escuchar sin juzgar, sin andar constantemente enmendando lo que dicen. Contarles cosas con confianza y cariño. Pedirles opinión y hacerles caso en lo que se puede. Dejar que no nos digan lo que no quieren, hasta que no se sientan a gusto diciéndolo.  

Conclusión

Ni que decir tiene que enseñar a escuchar es una estupenda ayuda para que los hijos formen su  propio juicio y decidan a quién no escuchar porque no les hace bien ninguno.

Los hijos, que reciben innumerables mensajes cada día, deben saber que es en el ámbito familiar donde se les va a decir lo que les hace felices. Por eso es tan importante que las conversaciones del hogar sean agradables, espontáneas, y de todos los temas que son claves en la vida de las personas.

En casa, uno sabe que puede hablar de lo que necesite porque encontrará como respuesta un discurso sincero y un amor único.

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